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 Portada - Información y artículos sobre Alta Fidelidad (Hi-Fi) - Evaluación de componentes de Alta Fidelidad

Evaluación de componentes de Alta Fidelidad

Publicado en Marzo 1998

En esta página podrás leer una serie de interesantes baremos indicadores del grado de calidad de un determinado producto de Alta Fidelidad de cualquier clase.

Introducción

Las premisas

Valores absolutos, valores relativos

Propuesta: combinar lo absoluto con lo relativo

Los parámetros clave

Evaluación de la calidad musical

INTRODUCCIÓN

El presente es con toda probabilidad el desafío más delicado con el que nos hemos tenido que enfrentar en los últimos años ya que a efectos prácticos supone echar todavía más leña al fuego de esa hoguera siempre animada que es el mercado nacional (y mundial, que en todas partes cuecen habas) de la electrónica de consumo de alta calidad.

No obstante, el tema inicialmente planteado era bien simple: acompañar los juicios habitualmente descriptivos (es decir, cualitativos y, por tanto, subjetivos) que se realizan sobre todos los productos de un baremo en el que se valoren cuantitativamente sus aspectos más significativos. De este modo, y a pesar de que la obra quedaría completa al cien por cien con una buena tanda de medidas realizadas con el instrumental adecuado, es decir, lo que hacemos trimestralmente en nuestros análisis comparativos, ofreceríamos a nuestros navegantes una visión más completa de cada producto.

Nuevamente, aprovechamos la ocasión para recordar que la presente página quiere únicamente servir de guía (un guía privilegiado si lo prefieren) para todos aquellos aficionados que en un momento determinado deseen comprar por primera vez, cambiar y o mejorar su equipo de reproducción musical o audiovisual.

Al respecto hay que tener en mente de una vez por todas que un equipo de Alta Fidelidad o A/V acaba siendo una cuestión estrictamente personal de quien vaya a adquirirlo, por lo que la profusión de juicios absolutos con tendencias manipuladoras no puede ser considerada más que negativamente. Para ver por donde van los tiros en este sentido, basta con echar un vistazo a nuestro consultorio técnico y darse cuenta de que son bastantes los navegantes que aún estando satisfechos del sonido de su equipo (en teoría el fin último del mismo) nos preguntan si estamos de acuerdo con su composición. Es decir, que a más de una persona que tenga muy claro que dos y dos son cuatro se le puede decir tranquilamente que dos y dos son cinco... y se lo crea.

 

LAS PREMISAS

Para buscar ideas interesantes, nada mejor que hojear la prensa especializada extrajera, en particular la anglosajona aunque también la alemana y francesa. Y no sólo la especializada en electrónica de consumo sino también la dedicada a temas tan mundanos como son el vino o los automóviles (ya sé que a algunos aficionados no les gusta la idea pero permítannos el símil tuesto que resulta extremadamente útil para nuestros propósitos), necesariamente obligada a establecer baremos para intentar marcar diferencias entre los miembros de una producción cuya diversidad sujeta en muchas ocasiones el límite de lo memorizable por un aficionado normal y corriente. En consecuencia, la utilización de puntuaciones tiene una clara intención selectiva aunque sin pretender en ningún momento fomentar la aparición de dogmas y signos inquietantes de intolerancias discriminatorias.

El problema clave a resolver tiene que ver con la cantidad y calidad de los parámetros de evaluación seleccionados, puesto que los mismos deben intentar reflejar con la máxima exactitud y precisión posible una situación concreta, en este caso el valor real (ni más ni menos) de un componente de audio o audio/vídeo determinado. Y es ahí donde nos permite ver en las revistas extranjeras metodologías de todos los colores, algunas muy peligrosas por la indisimulada tendencia a la simplificación que manifiestan. Por ejemplo, la ultracomercial "What Hi-Fi?", británica por más señas, emite cada mes juicios de valor sobre un impresionante número de productos a los que a modo de conclusión clasifica (estigmatiza diríamos) con una serie de estrellitas que para muchos aficionados (y lo que es más grave, distribuidores especializados) constituyen el único capital a considerar de los productos en cuestión. La cosa cambia cuando se realizan pruebas comparativas, en las que son varios los parámetros considerados y por lo tanto el resultado final viene a ser una especie de promedio de los mismos. La también británica Hi-Fi Choice utiliza, en sus análisis comparativos que publica mensualmente, un galimatías que imaginamos debe ser indescifrable para la mayoría de aficionados de a pie como consecuencia del altísimo nivel técnico que el responsable de dichos análisis (Paul Miller) imprime a los mismos.

Por otro lado, la utilización de los términos "bueno", "muy bueno" o "excelente" que hace la publicación alemana Stereo puede resultar también excesivamente simplificadora aunque hay que reconocer que en este caso estas consideraciones subjetivas son acompañadas por mediciones de laboratorio tremendamente objetivas. En nuestro caso deberemos olvidarnos de las medidas de laboratorio.

Las publicaciones estadounidenses son, por su parte, bastante alérgicas a la sistematización de las clasificaciones de aparatos aunque la lista de componentes recomendados publicada semestralmente por la influyente Stereophile se ha convertido en la "biblia" indiscutida de muchos "highenders" y también de una buena parte de los importadores y distribuidores de componentes de audio del más alto nivel (tanto en España como en el resto del mundo). Aquí hay que tener nuevamente en cuenta la existencia de una serie de mediciones exhaustivas que acompañan a la evaluación descriptiva/subjetiva de cada producto, con la gracia adicional que supone el hecho de que los responsables de cada parte sean personas diferentes.

Nos encontramos, una vez más, con unos medios que sobrepasan nuestras posibilidades, tanto en el ámbito material (carencia que podríamos solventar) como humano (de imposible solución tal como están las cosas). Y lo mismo sucede con Japón y su Stereo Sound. En cuanto a Francia, "Prestige Audio Video" es absolutamente subjetiva en sus consideraciones finales, mientras que "La Nouvelle Revue du Son" y "Haute Fidelité" combinan esa misma subjetividad con la puntuación de varios parámetros del tipo "dinámica", "transparencia" y compañía. En este caso, la puntuación es sobre 100 en el primer caso y vía "estrellas" en el segundo.

Os podríamos seguir citando ejemplos, como por ejemplo el caso de la alemana Audio, en la que un baremo establecido sobre 100 admite puntuaciones, en los niveles más altos del escalafón, superiores a esa cifra. Sin duda una situación algo rocambolesca que, nuevamente, tiende a confundir al usuario. No obstante, al menos tiene la lógica de seguir una tónica descendente a partir de esos valores absolutos, lo que sí permite al personal hacerse la idea de que para conseguir lo más de lo más hay que pagar aunque el tema de la relación calidad /precio no está excesivamente definido en el sentido anglosajón del término, un sentido que interesa sobremanera a la inmensa mayoría de aficionados a la reproducción musical de alta calidad.

 

VALORES ABSOLUTOS, VALORES RELATIVOS

Lo que acabamos de decir nos permite conectar con una de las grandes cuestiones relacionadas con todo lo que tenga que ver con clasificaciones, listas, valoraciones y compañía: ¿términos absolutos o términos relativos? Si lo que se busca es ser lo más preciso posible y no confundir al usuario, hay que decirle en todo momento donde nos encontramos, y, además, hay que decírselo con exactitud.

Si la lista es efectuada en términos absolutos, tiene la ventaja de ser clarificadora en términos globales pero de desmerecer tremendamente los productos más abordables que, por su precio, no tienen en cambio por qué ser "malos" sino más bien todo lo contrario. Así, si como amplificación suprema situamos a las etapas de potencia monofónicas Mark Levinson N°33 y les asignamos un 9'8 sobre 10 (como se decía antes en la universidad, el 10 sólo lo tiene Dios y por lo tanto aquí en la Tierra es inalcanzable), el hecho de que al Audiolab 8000S le asignemos un 6 dará claramente una imagen peyorativa de este último y, además, no hará en absoluto justicia a sus innegables cualidades subjetivas. Por el contrario, si hacemos como los daneses o los británicos y consideramos por encima de todo la relación calidad/precio, nos encontraríamos nuevamente con una situación absurda: el Audiolab 8000S tendría casi un 10 y a las Mark Levinson habría que ponerles un 5 o algo por el estilo ya que obviamente estas últimas no suenan cincuenta veces mejor que aquél.

Nuevamente, nos encontramos con una supina incongruencia. Sucede lo mismo con muchas clasificaciones de vinos, muy queridas en nuestro país, Francia o Estados Unidos y que se ven afectadas exactamente por los mismos defectos de forma. Si, por ejemplo, consideramos como el summum de los riojas al Reserva 890 de 1968 o al Castillo de Ygay de ese mismo año, el excelente (sobre todo por relación calidad/precio pero también a escala absoluta) Viña Ardanza de 1989 casi parecería destinado a fabricar vinagre, lo que constituye una nefasta afirmación. Por el contrario, si la excelsa calidad del Ardanza en función del precio al que es ofrecido constituye el criterio de evaluación fundamental, se llegaría erróneamente a la conclusión de que los dos "1968" antes citados estarían dirigidas nada menos que a unos pocos descerebrados del buen vivir. De nuevo, falsedad supina.

El corolario de lo dicho es obvio: no se puede meter en el mismo saco a lo absoluto y a lo relativo. De hecho, y volvemos con las comparaciones, sería como pretender meter a un Rolls Silver Sprit y al modelo más alto de Mercedes en la misma órbita. Cierto que el segundo posee una mayor relación calidad/precio pero el primero es una obra de arte que aporta un nivel de satisfacción y sensaciones difícil de describir. Igual sucedería con los deportivos de más alta gama existente en el mercado. En realidad, lo que se debe tener bien claro es que a partir de un cierto nivel conseguir un incremento relativamente pequeño en las prestaciones exige un desembolso cualitativo que no guarda una proporción "lineal" con el mismo.

 

PROPUESTA: COMBINAR LO ABSOLUTO CON LO RELATIVO

La solución a la tanda de reflexiones anteriores parece, después de comentar toda la problemática asociada a cada metodología, obvia: hay que buscar un modo de combinar lo absoluto con lo relativo. Y este modo se materializa fundamentalmente en el establecimiento de una clasificación basada en la existencia de valores absolutos dentro de cada una de las categorías disponibles.

Por supuesto que nuestra propuesta no está exenta de peligros porque para poder definir con exactitud, por ejemplo, la situación exacta el reproductor de discos compactos Sony CDP-XA7 ES, lo primero que hay que hacer es definir os números uno de su clase, en este caso los reproductores de discos compactos de precio situado en tomo al medio millón de pesetas. Para no sobrecargarles el cerebro, nos olvidaremos un poco del precio y utilizaremos, como categorías genéricas, las establecidas en nuestra de lista de "referencias" aunque modificando el grupo "fuera de clasificación" incluido en algunos tipos de productos ya que salta a la vista que hay que cuantificar a todo el mundo.

 

LOS PARÁMETROS CLAVE

Les recordamos que la idea básica era valorar cada producto en términos absolutos dentro de su categoría, lo que significa que era necesario establecer previamente una o varias referencias dentro de dicha categoría. Esta es una de las cuestiones más peliagudas de todo nuestro planteamiento porque, claro está, no siempre la referencia absoluta nuestra coincidirá con la de nuestros navegantes o la de los profesionales del sector. Un riesgo lógico que estamos dispuestos a asumir porque si no damos la cara nosotros en este asunto no la dará nadie.

Evidentemente, las referencias cambian como consecuencia, por ejemplo, de la evaluación de un producto que nos parezca superior dentro de una determinada categoría. Luego está el también espinoso tema de cómo se llevan a cabo las diferentes evaluaciones. Idealmente, cada audición debería ocupar unas cuatro o cinco horas. Otro aspecto importante es que las evaluaciones se llevarán a cabo en el lugar más oportuno, es decir, que no siempre se realizarán en la sala oportuna. Todo ello aporta nuevos niveles de incertidumbre a la evaluación final ya que uno siempre pensará que tal o cual producto o sistema podría sonar mejor pero es evidente que el diez absoluto no existe y por lo tanto habrá que confiar en la razonabilidad de los veredictos correspondientes a cada caso.

También, de los parámetros esenciales (que variarán ligeramente, aunque lo menos posible, en función del tipo de producto que se analice) habrá algunos que no serán valorados con el mismo interés por muchos de nuestros lectores. Por ejemplo, algunos considerarán (están en su derecho de hacerlo) que el sonido es mucho más importante que la tecnología a la hora de realizar la media aritmética de las puntuaciones pero lo que nosotros no podemos hacer es empezar a introducir ponderaciones explícitas en cada calificación y complicar definitivamente lo que en teoría pretende simplificar y aclarar las opiniones. La idea es buscar una evaluación "perfecta" de cada producto, por lo que lo normal es que cada uno extraiga las conclusiones que más se adapten a sus conveniencias a la hora de leer cada valoración.

Dicho esto, les reseñamos, por fin, los que serán los parámetros de evaluación fundamentales:

  1. Construcción: Las chapuzas jamás han sido santos de nuestra devoción a pesar de que un carácter razonablemente artesanal no entra en la citada "categoría".
  2. Diseño externo: Si un determinado producto suena bien y está bien realizado, ¿por qué no exigirle que, además, sea bonito? Somos latinos, no hay que olvidarlo.
  3. Tecnología: Refleja (en teoría) una cierta pasión por la excelencia aunque solo la consideramos como un punto a favor si la ejecución está a la altura de las circunstancias. Entendemos igualmente (un caso flagrante son las electrónicas a válvulas) que no siempre la tecnología más avanzada conlleva un mejor sonido.
  4. Flexibilidad operativa: Si un aparato suena muy bien, es muy bonito y, además, está bien construido puede que a la postre resulte poco práctico como consecuencia de la imposibilidad de insertarlo o de convertirlo en el núcleo de un determinado equipo. Por lo tanto, una buena (razonable) dotación de conexiones y funciones siempre se agradece, aunque más en algunos componentes que en otros (factor que, obviamente, tendremos en cuenta).
  5. Medidas: Se reservan únicamente a los casos en que las mismas se lleven a cabo, es decir, nuestros análisis comparativos.
  6. Calidad sonora: Sin duda el parámetro clave, por lo que no habrá que ser un lince para darse cuenta de que un aparato "diez" en todos los parámetros citados hasta ahora que tenga un 5 al nivel de calidad musical no será especialmente recomendable a pesar de que la media aritmética de todas las puntuaciones sea un notable. Puesto que la calidad sonora determina la personalidad y, en gran medida, la validez global de cada producto, para su determinación utilizaremos (se lo adelanté el pasado mes de abril) la batería de subparámetros habituales en la evaluación de los más elaborados componentes y equipos de audio High-End que se detalla más adelante.
  7. Relación calidad/precio: Puede parecer redundante al haberse establecido escalas absolutas jara cada categoría de producto pero la innegable utilidad que supone para los lectores hace que su presencia resulte imprescindible. Piensen, por ejemplo, que un determinado lector de CD's perteneciente a la categoría de las cien mil pesetas puede dar la misma calidad musical valiendo 95.000 ptas. o 75.000 ptas., lo que significa que aquí el parámetro que mejor servirá para marcar la diferencia será precisamente la relación calidad/precio ya que no siempre una diferencia en el precio conlleva diferencias al nivel de calidad tecnológica y constructiva.

 

EVALUACIÓN DE LA CALIDAD MUSICAL

En primer lugar es muy importante retener las "subgamas" de frecuencias en las que se divide la gama de frecuencias audibles.

Son las siguientes:

Extremo grave: por debajo de 32 Hz
Octava inferior: 20-40 Hz
Graves intermedios: 40-80 Hz
Graves altos: 80-160 Hz
Medios/graves: 160-320 Hz
Medios: 320-2.560 Hz
Medios agudos: 2.560-5.120 Hz
Agudos: 5.120-10.240 Hz
Extremo agudo (octava superior): 10.240-20.000 Hz

Los términos que vienen a continuación sirven a un único objetivo; ver hasta qué punto la reproducción del sonido en Alta Fidelidad se acerca a su meta original, que no es otra que la perfecta recreación de la experiencia musical:

Escena Sonora ("Soundstage"):

Para establecer correctamente una escena sonora en tres dimensiones debe disponerse de una caja acústica capaz de reproducir el espacio acústico original. Casi cualquier caja acústica dipolar o radiador de fuente lineal libre de superficies adyacentes difractantes es capaz de recrear una escena sonora. Dicha escena se extenderá, en anchura, hasta más allá de los límites externos de las cajas acústicas, es decir, hacia las paredes laterales de la habitación. Con profundidad, se extenderá hasta la pared posterior de dicha ha habitación. También deberá recrear una ilusión real y convincente de la altura de los instrumentos. En consecuencia, uno debería ser capaz de percibir los planos laterales, posteriores y superiores de la sala de conciertos en la fe se ha efectuado una grabación.

Puesto que la habilidad de las cajas acústicas para crear una escena sonora depende de la fase y de la separación existente entre ellas, el oyente deberá escuchar atentamente para percibir la ilusión de su amplitud con las frecuencias altas, medias y bajas. Así, muy a menudo algunos productos presentan una escena sonora muy estrecha con las frecuencias altas o bajas. La distancia entre la escena frontal / posterior, es decir, la profundidad, también puede variar.

Imágenes:

Especificidad y Personalidad son dos palabras que pueden utilizarse para atentar diferenciar las imágenes recreadas en la escena sonora.

Se entiende por dimensionalidad la capacidad de reproducir una imagen instrumental que posee unas dimensiones físicas determinadas, lo que significa que el oyente deberá ser capaz de percibir los sonidos procedentes de la parte posterior de un violoncelo o la respiración de un cantante. Algunos críticos prefieren utilizar el término "holográfico" como consecuencia de su superior poder descriptivo pero dimensionalidad es una palabra más precisa.

Por otro lado, se conoce por especificidad a la capacidad de un componente e audio para delimitar perfectamente, es decir, sin oscilaciones, un instrumento en el espacio. Si consideramos los efectos visuales que producen las ondas de calor procedentes del asfalto caliente en verano, parece lógico pensar que en la reproducción de la música por un determinado aparato pueda suceder lo mismo. Y esto es precisamente lo que ocurre con determinadas imágenes sonoras, especialmente las situadas entre las dos cajas acústicas. ¿El resultado? Se podrá saber de manera aproximada pero nunca exacta dónde se encuentra el instrumento.

Resolución de Bajo Nivel:

Es la capacidad de un determinado componente para capturar información de muy bajo nivel, para distinguir entre los diferentes violines de la sección de cuerda de una orquesta, para reproducir el espacio y el aire que envuelven a cada instrumento individual, para reproducir diagramas de directividad de los micrófonos empleados y para reproducir voces individuales en grupos corales. Muchas cajas acústicas suelen fallar a la hora de restituir la información de bajo nivel cuando el volumen al que se desarrolla la escucha es muy bajo.

Contrastes Dinámicos:

Es la habilidad de un componente de audio para recrear los degradados dinámicos existentes entre los sonidos más intensos y los más débiles. Siempre hay compromisos a la hora de resolver los contrastes dinámicos aunque los motivos que hacen que ello sea así (¿quizás se trata de exigencias de los ingenieros de grabación?) no están del todo claros. Uno debería dividir, además, la gama de contrastes dinámicos entre suave (representado por las distinciones entre pianísimo y piano, es decir, pppp y p), intermedio (mezzo o m en notación musical) y fuerte o intenso (de f hasta ffff). Puesto que los contrastes dinámicos son inherentes a la propia estructura de la música clásica, cualquier restricción en la restitución de los mismos debería considerarse como un punto negativo del elemento o equipo evaluado.

Microdinámica:

Uno de los descubrimientos más trascendentales de los últimos tiempos es que dentro de la macrodinámica de los contrastes dinámicos globales hay siempre detalles de menor entidad con sus propios gradientes dinámicos. A pesar de la ausencia de una palabra que defina exactamente la situación, el concepto está claro: se trata de diferenciar entre suave y ligeramente más suave (p y pp) y todavía más suave. Algunos amplificadores a válvulas con una gama dinámica global algo restringida exhiben, sin embargo, una soberana exquisitez a la hora de recuperar las más ligeras variaciones de intensidad en ciertas porciones de dicha gama dinámica (es decir, el espacio comprendido entre pppp y ffff), por lo general el extremo superior o inferior de la misma. Una vez percibida, tal microdinámica resulta peligrosamente adictiva puesto que es una de las características más importantes de la música no amplificada (la música amplificada suele tender al extremo fuerte del espectro, si no al ffff+f). Un claro paso hacia atrás en la restitución de la microdinámica inherente a la música la constituye el audio digital en su totalidad como consecuencia de las limitaciones del sistema actualmente utilizado.

Gradientes Dinámicos:

Este término pretende indicar la cantidad de contrastes dinámicos disponibles en tres zonas perfectamente delimitadas de la gama de audiofrecuencias (cada una de las cuales pudiendo ser dividida, por supuesto, en varias partes), es decir, graves, medios y agudos. Los oyentes más exigentes se darán cuenta de que la mayoría de electrónicas, en particular las encargadas de reproducir mensajes musicales procedentes de fuentes analógicas, poseerán una vitalidad dinámica superior en una de dichas zonas. Así, ciertas electrónicas muestran una vitalidad particularmente intensa en a parte alta del espectro, otras en la zona intermedia y unas pocas en la parte baja.

Extensión de la Respuesta en Graves:

Se trata de averiguar hasta dónde (en frecuencia) son capaces de llegar los graves, así como lo compactos o firmes (el célebre "cuerpo") que son, su grado definición y su impacto ("punch"). Cualquier discontinuidad en los graves resulta perfectamente audible. Los errores de fase y una atenuación (amortiguamiento) insuficiente también afectan a la octava inferior, que al fin y al cabo constituye el fundamento de toda orquesta.

Extensión de la Respuesta en Agudos:

Intenta verificar el comportamiento de los sonidos correspondientes a la octava superior (10-20 kHz), es decir, su limpieza y la manera en que manejan la información tanto de tipo armónico como ambiental. También se pretende evaluar con precisión su expansión dinámica (contrastes y microcontrastes dinámicos).

Textura:

Textura equivale a ruido. Con las electrónicas a válvulas, este parámetro se presenta como una especie de película, gravilla o suciedad en una ventana de cristal situada entre el oyente y la orquesta, delante de ésta. Con as electrónicas de estado sólido, el ruido se muestra detrás de la orquesta o en el aire que la rodea, reduciendo e este modo la sensación de profundidad.

En el caso de los transistores bipolares, la textura se percibe más a medida que se desciende en el espectro, es decir, que da la impresión de ser un problema fuertemente concentrado en el extremo grave.

Recuperación de la Información Ambiental:

Es la habilidad para capturar el sonido específico e un espacio determinado. Es posible que muchos opinen que este parámetro debería englobarse dentro de la capacidad de reconstrucción de escenas sonoras pero lo cierto es que una buena recreación de estas últimas no siempre viene cogida de la mano con la capacidad de un determinado componente para extraer las sutilezas de una sala de conciertos relativamente neutra. La capacidad jara extraer la información e ambiente es directamente proporcional a la resolución presentada por los detalles orquestales más íntimos.

Resolución de Alto Nivel:

Evalúa el comportamiento de un componente de audio cuando se le hace trabajar con elevados niveles de volumen. Entre las anomalías observables habría que incluir la congestión, es decir, el amontonamiento de los instrumentos en la orquesta, el completo colapso de la profundidad del campo sonoro, la disminución de la información direccional y la pérdida de especificidad de las imágenes sonoras.

Atenuación o Decaimiento ("Decay"):

Es el modo en que se detiene una nota musical. Expresa con suma precisión el comportamiento de un determinado aparato en régimen musical.

Distorsiones Digitales:

Todavía resulta difícil asignar distorsiones digitales a un sistema en sí. Poco más de una década de experiencia con el sonido digital de muestra de forma bastante concluyente que la mayoría de distorsiones digitales percibidas con los lectores de CD'S de primera generación eran debidas realmente a los dispositivos de codificación y decodificación empleados en los mismos. Solo desde hace relativamente poco se está empezando a oír lo que el formato digital puede y no puede hacer, y las primeras conclusiones son claras: el audio digital es todavía incapaz de capturar las sutilezas dinámicas que hacen que los mejores sistemas de lectura analógica sean la joya de los equipos de High-End más evolucionados. El audio digital de hoy en día es un sistema de codificación cuya resolución es incuestionablemente inferior a la de los mejores equipos analógicos, realidad que debería ser considerada muy seriamente por todos aquellos que creen en el High-End como medio para capturar la ilusión de sonido absoluto.

     
 

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