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Space Quest V

El sueño dorado de Roger siempre había sido ser el comandante de una nave oficial. Su coeficiente intelectual sólo le alcanzaba para limpiar suelos y sacar brillo a los robots de mantenimiento, pero, aún así, estaba dispuesto a intentarlo. Hacía ya seis meses que se había matriculado en la Escuela de Pilotos de Starcon y, a pesar de haber pasado la mayor parte del tiempo durmiéndose en los pupitres del fondo y jugando furtivamente con el simulador aéreo, se sentía preparado para aprobar el examen. Lo que Roger no sabía cuando llegó diez minutos tarde a clase -como las últimas 32 veces- era que el Test de Aptitud iba a celebrarse ese mismo día.

Sin tiempo para pensar siquiera en las respuestas, rellenó el cuestionario lo mejor que pudo, e intentó escabullirse del profesor. Fue demasiado tarde. Como castigo, tuvo que limpiar la pista de aterrizaje del Starcon. Resignado a su suerte -al fin y al cabo eso es lo mejor que sabía hacer- se dirigió al armario de la limpieza y recogió la abrillantadora automática y los conos de protección. Los colocó en la pista para no atropellar a la gente y activó la potentísima limpiadora. Cuando acabó de sacar brillo a la insignia de la Academia, se acercaron por allí el capitán Quirk y una hermosa mujer, que resultó ser la embajadora Wankmeister. Para su total sorpresa, Beatrice había oído hablar de la victoria de Roger contra los Sariens. Cuando Wilco se atrevió a mirarla a los ojos, su corazón pegó un brinco y la imagen de un olvidado holograma regresó a su memoria. Aquella mujer que estaba frente a él era la misma que su hijo había llamado madre cuando Roger se encontró con él en el futuro. Mientras balbuceaba unas ininteligibles palabras, el capitán Quirk aprovechó la oportunidad para humillarlo una vez más, empeñándose en buscar una mota de polvo donde no había. Su empecinada obsesión le llevó a resbalar y caer de bruces en el suelo recién encerado. Prometiendo venganza eterna, se marchó acompañado de la bella embajadora.

Al mismo tiempo que ocurría esto, el ordenador estaba corrigiendo los exámenes de todos los cadetes. Cuando el nombre de Roger apareció en pantalla, una rata se introdujo en uno de los conductos, produciendo un cortocircuito que apagó las luces de la sala donde la embajadora estaba manteniendo una reunión con los miembros más influyentes del Starcon. Por lo visto, se había detectado una banda de malhechores que estaba arrojando sustancias tóxicas en casi todos los planetas del Sector. El capitán Quirk y la embajadora Beatrice fueron asignados para investigar la situación.

EL SUEÑO SE HACE REALIDAD

Roger se encaminó decidido a recoger las notas. La sorpresa no pudo ser mayor cuando descubrió que había obtenido la máxima puntuación. El capitán Quirk se encargaría de asignarle un vehículo espacial para estrenarse en su nuevo puesto de capitán. Después de realizar un cursillo intensivo en el planeta Oakhust, Wilco fue llevado hasta su nueva nave: el recogedor de basuras Eureka. La última jugarreta de Quirk había sido demasiado...

Ya en el interior, Roger conoció a su nueva tripulación: Flo, la experta en comunicaciones, y Droole, el oficial de navegación. Con una emoción incontenible, se sentó en el puente de mando y empezó a impartir varias órdenes. Pidieron permiso para partir y enseguida recibieron las primeras misiones de "limpieza". El primer destino era el planeta Gangularis. El capitán Roger Wilco le pidió a Droole que fijase las coordenadas con el manual de usuario, y que conectase la velocidad luz. Mientras llegaban a ese punto, decidió echar un vistazo al resto de la nave. Así conoció al ingeniero jefe Cliffy, que se encargaba de mantener todos los mecanismos en perfecto estado. A pesar de ser un recolector de basuras, el Eureka estaba muy bien surtido, con un laboratorio y una robot EVA para salir a reparar averías al exterior.

Roger encontró una caja de herramientas y se apropió de unas pastillas antiácido, un soplete láser, un fusible y una máquina de hacer agujeros que estaban en su interior. Cuando llegaron a Gangularis, Wilco ordenó reducir la velocidad y activar el recogedor de basuras. El primer cargamento fue recuperado con éxito. Pero al poco rato, del compartimento de basuras empezaron a salir unos curiosos chillidos. Roger abrió la puerta y un repugnante bicho con aspecto de pulpo se le lanzó a la cara. Por suerte, era completamente inofensivo. Decidió llamarlo Spike y quedárselo como mascota. Una de las habilidades del animalillo era soltar un chorro de ácido y sembrar la nave de agujeros, así que lo llevó al laboratorio y lo metió en una cápsula junto con las pastillas antiácido.

La siguiente recogida era en el planeta Peeyu. En mitad del trayecto, Flo captó una trasmisión por el canal secreto del Starcon, en la que un extraterrestre hablaba con alguien de la estación espacial sobre cierta mercancía que tenía que ser almacenada. Por desgracia, no pudieron captar de dónde provenía. Después de recoger la basura, se dirigieron al último destino, Kiz Urazgubi. En el momento de llegar allí, un disparo repentino los inmovilizó por completo. La imagen de una androide que amenazaba a Roger Wilco cubrió toda la pantalla. La Compañía de Correos todavía no había olvidado la pequeña cantidad que Roger les debía desde el lejano "Space Quest II". El robot le pidió que bajase al planeta para ser descuartizado y vendido en piezas a una empresa de trasplantes. Como estaban completamente inmovilizados, a Wilco no le quedó otro remedio que aceptar la invitación. Se dirigió al laboratorio, subió a la plataforma y ordenó que lo teletransportasen.

DESTRUCCIÓN DEL ANDROIDE

El planeta Kiz era un pequeño paraíso prácticamente deshabitado. El lugar ideal para pasar las vacaciones, a no ser que nos persiga Terminator en versión femenina. Justo cuando Wilco iba a adentrarse en una pequeña cueva, apareció el androide y empezó a disparar como un loco. Nuestro amigo ya había acabado con uno de ellos en "Space Quest III", pero éste, además de ser invisible, volaba. El único momento en el que Roger podía verlo era cuando disparaba. Todo un consuelo.

Después de una apresurada carrera, llegó hasta un pequeño puente formado por un tronco hueco. Se dirigió al árbol de la izquierda y, al llegar al borde, la rama se rompió bajo sus pies, cayendo en un profundo lago. Wilco recogió el palo y volvió al mismo sitio. Con ayuda de la rama, alcanzó una especie de banana y siguió explorando hasta localizar una hermosa cascada. En lo alto de la montaña, se divisaba una enorme roca que le sirvió para idear un plan. Cuando vio aparecer al androide, se metió por una cueva, saltó el precipicio, subió hasta la roca y la empujó. El terminator salió despedido por los aires. "Sacando pecho", Wilco regresó al lugar de partida para ser teletransportado, pero unas luces que salían del lago le hicieron detenerse en seco.

El androide salió del agua y continuó la búsqueda más enfadado que antes. En un alarde de valentía, Roger volvió al puente y se metió dentro del tronco, esperando que el robot no lo localizase. Pero rápidamente, éste se posó encima. Wilco le introdujo algo en los propulsores, y el engendro explotó en mil pedazos. Recuperando la cabeza como trofeo, regresó al Eureka mientras Cliffy recogía los pedazos y le entregaba una de las piezas que le sobraban. Su intención era transformar al robot en un oficial científico. Para celebrar la victoria, decidieron darse una vueltecita por el Bar Espacial.

OTRA VEZ QUIRK

Droole desactivó la velocidad luz, entró en órbita y fueron teletransportados al lugar más marchoso de la Galaxia. Mientras tomaban un trago, descubrieron entre la multitud al capitán Quirk con el extraño alien que habían visto en la transmisión. En esos momentos, se acercó un comerciante e intentó hacer negocios con Roger, pero en vista de que no iba a conseguir nada, le entregó su tarjeta y una muestra gratuita de monos espaciales deshidratados. Después de echar una partidita al Battle Cruiser con Quirk, Roger tuvo que liberar a Cliffy, que había sido detenido por mezclarse en una pelea. Gracias a los monos espaciales, consiguió distraer a los guardias. Los bichitos empezaron a reproducirse y se produjo un colapso en el sistema de ventilación. Aprovechando la confusión, Wilco desactivó el campo y fue en busca de Cliffy. Acordándose de las habilidades de su pequeña mascota, consiguieron salir del bar justo antes de que explotase.

Mientras se alejaban de allí, les llegó una nueva orden para recoger otro cargamento de basura en el planeta Klorox II. Como no encontraron nada, Roger y Droole bajaron a echar un vistazo. El panorama no podía ser más desalentador. La colonia estaba completamente destruida y no se veía ni rastro de sus habitantes. Wilco entró en el edificio principal y fue atacado por un mutante, que estuvo a punto de desintegrarlo con sus escupitajos radioactivos. Afortunadamente, Droole llegó en el momento oportuno. Con ayuda de un papel que encontraron en el suelo, pudieron averiguar en el ordenador principal que la base había sido destruida por unos mutantes que aparecieron justo después de la llegada del SCS Goliath, la nave capitaneada por Quirk. En lo alto de una colina, Roger descubrió un bidón radioactivo perteneciente a la empresa Genetix Corporation, junto a sus coordenadas espaciales. De vuelta al Eureka, Flo captó un mensaje de ayuda del SCS Goliath, que había sido atacado por una banda de seres desconocidos. El origen de la transmisión estaba en el planeta Thrakus. Mientras se dirigían hacia allí, Cliffy terminó de convertir al androide asesino W-D40 en un perfecto oficial científico. Gracias a él, supieron que la atmósfera del planeta Thrakus era irrespirable, por eso, Roger se fue a buscar la máscara y el oxígeno antes de teletransportarse a la superficie.

BEATRICE

Un paisaje poblado de setas gigantes ocultaba una pequeña cápsula de escape proveniente del Goliath. En su interior, había un abrigo y un botón que Roger se encargó de desactivar. Mientras contemplaba el paisaje, fue atacado súbitamente por un desconocido y ambos rodaron por el precipicio. Roger consiguió agarrarse al borde mientras su agresor hacía lo mismo con sus pantalones. A Wilco no le hubiese importado demasiado, sino fuera porque el atacante que lo estaba dejando en paños menores era la embajadora Wankmeister. Justo en ese momento, los mutantes aparecieron por todos los lados. Roger le lanzó el abrigo y consiguió que Beatrice escalase hasta arriba. Mientras pedía al Eureka que los rescatasen, asió la cuerda que le tendió la embajadora y fueron teletransportados sanos y salvos a la nave. Beatrice les contó cómo los mutantes atacaron al Goliath y que ella fue alcanzada por una materia pegajosa que transformaba a las personas en seres deformes, pero, aún así, logró escapar. Le entregó a Wilco la tapa del distribuidor del Goliath y le pidió que la congelasen para impedir que el virus se propagase.

El bueno de Roger activó la cápsula de hibernación y congeló temporalmente a su futura esposa. En esos momentos, el Goliath hizo acto de presencia y se dispuso a borrarlos del mapa. Como respuesta, el Eureka activó los escudos justo antes de recibir el primer impacto. Aquel cubo de basura no podía resistir durante mucho tiempo el ataque de una nave de combate, por eso decidieron adentrarse en el campo de meteoritos. Cuando ya estaban a salvo, Cliffy salió a hacer unos arreglos, pero el cable de sujeción se soltó y quedó suspendido en la inmensidad del espacio. Una vez más, a Roger le tocó emprender el rescate. Activó el Robot EVA y salió en su busca. Gracias al radar y al gancho que tenía en la mano derecha, consiguió atraparlo y volver sanos y salvos a la nave.

ROGER, LA MOSCA HUMANA

La única manera de seguir adelante era visitar el laboratorio de Genetix y buscar la forma de detener el virus. Pero una avería en el transportador justo cuando Roger lo utilizaba para bajar, hizo que Wilco intercambiase su cuerpo con el de una mosca que pasaba por allí. Maldiciendo a Cliffy y a su mala suerte, intentó poner en marcha el comunicador, pero su liviano peso no podía ejercer la fuerza suficiente. Con un esfuerzo supremo de su más que limitada inteligencia, consiguió atraer a los sapos que merodeaban por el lago y hacer que uno de ellos cayese encima del comunicador. Flo prometió enviar a Cliffy lo antes posible. Mientras tanto, Roger decidió "revolotear" por los alrededores, descubriendo una puerta secreta que se abría con una tarjeta magnética.

Gracias a su diminuto tamaño consiguió introducirse por la cerradura, memorizando los rayos que no activaban ningún mecanismo, para una posible utilización. El interior de la cueva resultó ser un laboratorio genético donde se practicaban toda clase de experimentos. En el ordenador táctil, pudo averiguar cómo Genetix había trabajado en un proyecto para crear una metabacteria que se adaptase a todos los ambientes y que reciclase la atmósfera venenosa de los planetas inhabitables. Todo fue muy bien hasta que un ratón infectado por la bacteria mordió a un científico, transformándolo en un mutante con inclinaciones homicidas. También averiguó que la única forma de detener al virus era congelando al individuo a una temperatura de 200 grados bajo cero. Mientras observaba las cámaras de seguridad del ordenador, descubrió que Cliffy y W-D40 venían a ayudarlo, así que se reunió con ellos y recuperó su forma habitual. Utilizando la máquina perforadora en la tarjeta de visita para hacer unos agujeros en los sitios que correspondían con los rayos, consiguieron entrar en el recinto. Se apropiaron de un par de bombonas de nitrógeno y regresaron al Eureka.

Ya en el laboratorio, Spike salió de la cápsula y empezó a dar saltos señalando la urna de hibernación y el transportador. Eso dio una idea a Cliffy: si invertían la polaridad del transportador, reintegrarían las moléculas de ADN dañadas y podrían curar a Beatrice. Dicho y hecho; Wilco descongeló a la embajadora y la puso encima del transportador. El experimento fue todo un éxito, y Beatrice volvió a la normalidad. Dejándola descansar en la urna, Roger pidió consejo a W-D40, que le sugirió conectar el mecanismo de camuflaje de su anterior nave al Eureka, para así poder acercarse al Goliath sigilosamente. Sin perder ni un minuto, pusieron rumbo a Ku Uruzgubi y con ayuda del dispositivo que poseía Roger consiguieron encontrar la nave camuflada. Detrás de un panel de protección, Roger localizó el mecanismo.

DENTRO DEL GOLIATH

W-D40 sugirió que la mejor táctica era acercarse al Goliath y entrar por una abertura con el EVA. Una vez dentro, Roger desactivaría el escudo protector y ellos podrían entrar a ayudarlo. Ya en el puente de mando, Roger ordenó a W-D40 que localizase al Goliath. Lo encontró en las cercanías de Gingivitis. Una vez allí, camuflaron la nave y, en el mapa holográfico, Cliffy aconsejó a Roger sobre el lugar por donde debería entrar. Cuando el EVA se posó en el sitio convenido, Wilco rompió la chapa con el soplete y se coló en el mismísimo centro de proceso de la nave. Colocó la tapa del distribuidor en su sitio y empezó a buscar el puente de mando. La mejor forma de no ser visto era desplazándose por debajo de los paneles del suelo, así que levantó una reja y se coló en el subterráneo. Después de recorrer un laberinto de niveles, llegó hasta el segundo y allí encontró el ansiado botón que desactivaba el escudo protector. Pero un ruido inoportuno provocó que fuese descubierto por los asquerosos mutantes.

Menos mal que W-D40 no había perdido el tiempo y, en pocos segundos, apareció, congelando a todos con el nitrógeno. Roger corrió al puente de mando y esperó a que los mutantes se colocasen en el transportador. Hizo una señal a Cliffy y éste devolvió a la normalidad a la tripulación. Cuando parecía que todo había acabado, se dieron cuenta de que Quirk no aparecía por ningún sitio. Al mirar a través de la cabina, descubrieron que había escapado en una cápsula y estaba a punto de chocar con una masa viscosa que flotaba en el espacio. Mientras la asquerosa plasta amarilla se abalanzaba sobre el Goliath, Roger regresó al Eureka y disparó para atraer su atención. Activó el recogedor de basura y absorbió toda la masa pegajosa. Pero los contenedores del Eureka no podrían encerrar a aquella cosa durante mucho tiempo, así que, en una última acción heróica, activó el sistema de autodestrucción y sacó a Beatrice de la urna. En el momento más inoportuno, el transportador volvió a estropearse. Wilco buscó el panel de los fusibles y cambió el que estaba estropeado. Así consiguieron escapar milagrosamente. El Eureka explotó en el preciso instante en que el Goliath activaba la velocidad luz.

Una vez más, Roger Wilco había salvado al Universo, y además Beatrice estaba por fin a su lado. Ahora, el futuro podía desarrollarse tal y como lo había vivido en su anterior aventura, si es que un par de locos que se hacen llamar Los Dos Tipos de Andrómeda no decidieran volver a meterlo en más líos.

 

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